´Las benévolas`

29/Sep/2010

La República; por Nahum Bergstein; publicada el 29/09/10

´Las benévolas`

«Las benévolas»
Por Nahum Bergstein – Ex legislador del Partido Colorado
«Hermanos hombres, dejadme que os cuente cómo ocurrió», «ya veréis que no es algo ajeno a vosotros…».-
Así comienza «Las benévolas», el libro de Jonathan Littell que, combinando realidad y ficción relata el periplo de un oficial de las SS al servicio del proyecto político nazi de sometimiento y destrucción.-
El protagonista, y al mismo tiempo narrador de la historia, se llama Max Aue, quien en el inicio explica las razones que lo llevaron a escribirlo, «podía no haber escrito….fue «para pasar el rato y también, es posible, para aclarar uno o dos puntos confusos para vosotros, y quizá, para mi mismo», y, en forma contundente, deja claro que «no tengo nada que justificar,…no estoy arrepentido de nada; hice el trabajo que tenía que hacer y ya está…». Sin embargo, «mi trayectoria vital les había quebrado los huesos a mis sueños de juventud; y mis angustias se habían ido consumiendo de una punta a otra de la Europa alemana. Salí de la guerra como un hombre hueco, sólo con amargura y con una larga vergüenza, como arena que chirría entre los dientes», lo que quedan dudas si no hay una dosis de arrepentimiento. Sobrevivió porque en Francia, hacia donde pudo huir, «dejaron enseguida de fusilar a la gente; pronto, no se molestaron ni de meterla en la cárcel» de manera que con ayuda de padrinos, se convirtió en próspero industrial.-
En 1939, recién doctorado en derecho, se incorporó nacionalsocialista por convicción- al SD (Servicio de Seguridad creado por las SS y al mando de Heydrich). El primer destino fue en Francia, -su francés era impecable- para evaluar el peso político de los sectores pacifistas y la actitud del país en caso de guerra. En 1941 fue trasladado a la Europa Oriental donde, gracias a sus capacidades, fue ascendiendo en el escalafón burocrático de la SS, la organización a cargo de la limpieza étnica de los judíos. Su carrera lo colocó en el teatro de los acontecimientos. Primero, en la Galizia polaca (los nombres de las ciudades y pueblos que menciona como lugar de las primeras masacres me sonaban familiares porque mis padres son oriundos de Galizia), luego en Ucrania, el Cáucaso, y así sucesivamente. Estaban en marcha los asesinatos masivos, la «Aktion». Al principio, debían seleccionar los judíos que serían ejecutados como represalia por un ataque partisano, luego vino la orden de incluir las mujeres y niños, y semanas después la orden de la gran Aktion que se inició en Ucrania el Día del Perdón de 1941:- fusilar 50.000 judíos. De ahí en más, los verdugos se deslizan por el «radicalismo del despeñadero». Buena parte del trabajo judío consistía en cavar las fosas comunes destinadas, previo fusilamientos grupales, a ellos mismos. El horror es narrado con tanta minuciosidad, que deja la sensación de que ya nada más abyecto y cruel puede suceder, pero no es así; lo que viene puede ser peor.-
Los reportes de Aue llaman cada vez la atención de sus superiores. Es trasladado a Stalingrado, desde donde debe informar sobre el estado de ánimo de los soldados durante el sitio que se prolonga, y luchar contra la propaganda derrotista rusa. El relato de sus vivencias, compartiendo en cierta medida las penurias de ambos bandos está, a mi juicio, destinado a perdurar en los anales de la literatura. Herido gravemente, es condecorado y recibe un nuevo ascenso que lo lleva a recorrer varios campos de exterminio, especialmente Auschwitz. (Sus descripciones evocan la frase de Sartre:- «A partir de Auschwitz, la imagen de un hombre es inseparable de una cámara de gas»).-
Las tareas que a esta altura Aue debe asumir determinan encuentros personales con distintos integrantes de la jerarquía nazi, especialmente Eichmann. «Nunca vi que sintiera un odio especial hacia los judíos….simplemente en esto asentaba su carrera». Eichmann pasó a ser un engranaje esencial para implementar la orden de exterminio, y se dedicaba a ello con alma y vida, en lo que se convirtió en una carrera contra el tiempo, a medida que se avecinaba la derrota alemana. Por tanto, luchaba obstinadamente contra cualquier obstáculo que se interpusiera en el cumplimiento del objetivo de gasear la mayor cantidad de judíos en el menor lapso, así fuere el ministro Speer quien reclamaba mano de obra esclava para las fábricas de armamento. Analizando la personalidad de Eichmann, Aue cuenta que en una oportunidad éste le pregunta, con un dejo de preocupación, si el trabajo que estaban llevando a cabo se ajustaba al imperativo kantiano por el cual, dice Eichmann, «mi voluntad individual debe ser tal que pueda convertirse en principio de Ley moral. El hombre, cuando actúa, legisla». Como escribiera Steiner, «las humanidades no humanizan».-
«Las benévolas» mezcla los acontecimientos históricos con la pesadilla que es la vida personal de su protagonista, Max Aue, una creación del escritor. Esta ficción es un ingrediente necesario porque se complementa con la realidad en un siniestro contrapunto, en el cual no hay lugar para la redención. Es una obra para soportar, no para saborear. No obstante, no debería eludirse la experiencia imborrable de su lectura de casi mil páginas, porque constituye una experiencia imborrable.-